Siempre nos quedará Arkansas. Una ciudad donde tu voz sale de cada alcantarilla y se abre a la vez que las piernas primeras de una chica en verano. Porque sigue habiendo ciudades así para ti y para mi Johnny. Y sino, siempre nos quedará París, Texas.
Ella solía subirse la falda por encima de las rodillas, para luego abrazarlas. Único punto de apoyo de su vida con tan poca gravedad. Sus faldas eran siempre de flores, para contrastar con un mundo que según ella estaba cada vez más acabado. La naturaleza de su falda, la muerte y la vida bailaban al ritmo de sus piernas. ¿Siempre me seguiré sintiendo así, tan vacía, tan alejada, tan extraña? Le preguntó a él, hace tiempo, cuando sus largas pestañas encerraban las lágrimas que llevaban buscando salida desde hace demasiado. Pero él no supo que contestar. Y ahora se culpaba, se culpaba por verla desde lejos, después de unos cuatro años. El tiempo había declarado una guerra contra ella. Su boca ahora se negaba a sonreír y siempre miraba al suelo, en busca de unos zapatos que le pareciesen conocidos. Seguía llevando el pelo como antes, tan bello que parecía prohibído. La moda de María Magdalena que le lavó los pies a Jesucristo y luego los secó con su pelo, el cual luego untó con aceites de maravillosos olores para dar aroma a el hombre que adoraba. Él muchas veces había soñado que se dormía en su pelo, exhausto tras recorrerla de esquina a esquina, descubriendo la cara que la luna se niega a mostrar. Desde la primera vez que se encontró con ella supo que estaba condenada a sufrir, que siempre se enamoraría salvajemente del equivocado, de un enfermizo y débil chico que presumía de ser un poeta con versos tan malos que se pudrían entre el polvo de los cajones, abandonados para siempre. Él nunca había sido sincero con ella, nunca le había confesado que el vacío y extraño era él, que la amaba más que nada. Pero se dió cuenta de que la quería cuando ella ya se había cansado de él. Era muy triste, tirarse siempre al suelo, como el felpudo eterno, pero aquel que ya nadie quería pisar. Alguien dijo que el dolor podía ser jubiloso, placentero, pero ella siempre se despertaba sola, con el dolor como único acompañante de su cama, pero sin nadie que al menos le diese ese dolor. Se hacía daño. Como un cuchillo que actua como un furioso amante, rasgando y penetrando en su corazón una y otra vez. Era ella la única que se había condenado a un juicio final anticipado y todo apuntaba a una visita gratis al infierno del que nunca regresaría. Él la observaba desde lejos, la seguía. Cuando iba a comprar el periódico o a tomar un café. Cuando fingía sonreír con algún amigo mientras se estaba pudriendo en su interior. Él quería salvarla, ayudarla, susurrarle al oído que nunca se apartaría de su lado, que nunca la dejaría, que es preciosa y que su pelo huele a flores mojadas. Pero nunca tuvo el valor, tenía miedo al tiempo, el jodido tiempo que siempre los había separado. Tenía miedo a que el tiempo hubiese hecho de ella la perdición,que ella ya estuviera tan lastimada que sus heridas no tuvieran cura alguna. Se martirizó por cada palabra que no dijo, por cada beso que no dió. Aún la sigue mirando. Falda de flores, ahora quizás un poco más larga. Debe tener las rodillas desgastadas de abrazarse a ellas, roídas por la humedad de las lágrimas que ahora salían de sus ojos, sin pestañas que les impidiesen el paso. Lágrimas que acabarían con ellas poco a poco.
She lifts her skirt up to her knees, walks through the garden rows with her bare feet, laughing. I never learned to count my blessings, I choose instead to dwell in my disasters. I walk on down the hill, through grass, grown tall and brown and still its hard somehow to let go of my pain. On past the busted back of that old and rusted Cadillac that sinks into this field, collecting rain. Will I always feel this way? So empty, so estranged.
And of these cut-throat busted sunsets, these cold and damp white mornings I have grown weary. If through my cracked and dusted dime-store lips I spoke these words out loud would no one hear me? Lay your blouse across the chair, let fall the flowers from from your hair and kiss me with that country mouth, so plain. Outside, the rain is tapping on the leaves, to me it sounds like they're applauding us the the quiet love we made. Will I always feel this way? So empty, so estranged.
Well I looked my demons in the eyes, laid bare my chest, said "Do your best, destroy me. You see, I've been to hell and back so many times, I must admit you kind of bore me." There's a lot of things that can kill a man, there's a lot of ways to die, listen, some already did that walked beside me. There's a lot of things I don't understand, why so many people lie. Its the hurt I hide that fuels the fire inside me. Will I always feel this way? So empty, so estranged.
Aquel temblor del muslo y el diminuto encaje rozado por la yema de los dedos, son el mejor recuerdo de unos días conocidos sin prisa, sin hacerse notar, igual que amigos tímidos.
Fue la tarde anterior a la tormenta, con truenos en el cielo. Tú apareciste en el jardín, secreta, vestida de otro tiempo, con una extravagante manera de quererme, jugando a ser el viento de un armario, la luz en seda negra y medias de cristal, tan abrazadas a tus muslos con fuerza, con esa oscura fuerza que tuvieron sus dueños en la vida.
Bajo el color confuso de las flores salvajes, inesperadamente me ofrecías tu memoria de labios entreabiertos, unas ropas difíciles, y el rayo apenas vislumbrado de la carne, como fuego lunático, como llama de almendro donde puse la mano sin dudarlo. Por el jardín, el ruido de los últimos pájaros, de las primeras gotas en los árboles.
Una mujer y un solo vestido. Una verdad recordada, en lugar de una mentira repetida. Sólo ella y nada extraño. Su cabello en la almohada abandonado como una fortuna dilapidada, y un Dios mejor para una vida distinta, las venas azules de sus pies, su olor, tan diferente al resto de los olores del mundo. La casa de empeño cerrada y nada más que dar, y mirarla para siempre mientras duerme. Su tiempo, detenido y entregado. Nada de lo que ella o él dijeron, pero todo lo que fué, y un segundo al lado de la mujer amada que dura todavía. Y por qué no morir, finalmente, amando. ¿Hay mejor ocupación? ¿Existe acaso una manera mejor de pasar el tiempo, de recorrer ciudades, de darle su sentido a cada plato de sopa? ¿Por qué no hablar de amor todo el tiempo y nada más? ¿Con qué corazón iba a querer sino con el suyo? ¿Por qué enterrar a los muertos , si sus nombres permanecen firmes sobre la tierra del cementerio? de lo perdido que no se olvide nada. Él supo que cualquier forma de amor le recordaría siempre y dolorosamente al amor que conocía. Pero no encontró en ello ningún mal, y se abrazó al amor que fue capaz de dar un dia. Nadie puede negarle la oportunidad de haber sido. De haber amado, de haber besado, de haber intentado ser muy distinto de lo que es ahora.
Si él no se hubiese enamorado, si ella no le hubiera roto el corazón...¡Qué sería de mí!
Si ella no lo hubiese engañado quizás yo no existiera, o en caso de existir sería un alma sin nombre. Una persona que suspira por algo con que identificarse. Quizás mis padres no conocieron la historia de la canción, pues puede que si supieran que la protagonista había engañado a su marido con el cantante...yo no tendría este nombre. Al igual que toda flor tiene su aroma, casi todas las cosas tienen nombre. Los sentimientos tienen nombre, o en caso de no tener uno exacto, se puede llamar un "no sé qué" o "un algo así"... Creo que mis padres no conocían muy bien a Bowie, o ni lo conocían. Pero algo hizo que "Angie" le gustase a mi padre, y aunque mi madre era más de los Beatles, y ninguno de los dos entendían la canción, decidieron que era un buen nombre. Si supieran que Angie no tenía dinero en sus bolsillos ni amor en su alma... Por lo menos puede decir que lo intentó, aunque sigue preguntándose cuándo desaparecerán esas nubes.
Yo me hubiese quedado con Bowie. Mucho más mágico que Jagger.